Los técnicos subrayan la necesidad de incidir en la vigilancia y en el mantenimiento de los drenajes y las cunetas.
El último deslizamiento en el vial evidencia los problemas estructurales que el Concello denuncia desde el 2005.
El deslizamiento de tierras en Galicia es inherente a su meteorología. La copiosa pluviosidad acrecienta las contingencias por colapso de las cunetas y los sistemas de drenajes de la red viaria. La acumulación de agua provoca lo que los técnicos denominan un lavado del terraplén que soporta la calzada, hasta que se produce un desprendimiento en el terreno. Pero la abundancia del principal factor de riesgo no siempre garantiza las medidas preventivas necesarias para evitar el problema. Desde luego, no en el caso del municipio pontevedrés de Cotobade, donde llevan cuatro años aguardando que el Ministerio de Fomento responda a sus alarmas y solucione lo que consideran un «problema estructural» de la N-541.
El último episodio tuvo lugar el lunes, con la caída de un talud en el kilómetro 82 de la carretera entre Pontevedra y Ourense. El deslizamiento dio lugar a un socavón de 20 metros y obligó a cortar un carril de la vía, en el mismo tramo que se desprendió en octubre del 2006. La repetición del problema y la ausencia de medidas ministeriales llevó ayer al alcalde de Cotobade, el socialista Manoel Loureiro, a presentarse en la Subdelegación del Gobierno en Pontevedra para que apremie a Fomento a resolver «de maneira inmediata» las deficiencias en un vial en el que hace cuatro años se vino abajo un muro que todavía no ha sido reparado, informa Cristina Barral, de la Redacción de La Voz en Pontevedra. El Concello, que acumula numerosos escritos remitidos al ministerio, no descarta movilizar a los vecinos si no obtiene un compromiso firme de la Demarcación de Carreteras de Galicia.
Las lluvias de los últimos días provocaron ayer otro derrumbe: en el punto kilométrico 557 de la N-120, en el municipio lucense de Pantón, en un tramo en el que son frecuentes incidencias de este tipo. Esta vez el desprendimiento afectó a la ladera, con la caída de piedras que arrastraron también ramas de árboles hasta el arcén, informa Fina Ulloa. La empresa de mantenimiento limpió con celeridad la calzada, lo que minimizó el contratiempo para los usuarios.
Situaciones similares se han repetido desde el 2006 en Culleredo, la antigua vía de O Salnés, Crecente, Vilaboa, Vigo, Lalín y en la autovía A-52, a su paso por A Gudiña. Sobre el origen de estos problemas, Francisco Díaz-Fierros, catedrático de Edafología de la Universidade de Santiago, aclara que el elemento determinante es la construcción de la vía, «y no las características del suelo». Fausto Núñez, jefe del departamento técnico de la empresa pública Aceousa, señala que el agua «es el principal enemigo de la carretera» y el origen de los deslizamientos. Apunta Núñez que para evitarlos «hay que incidir en la vigilancia, conservación y mantenimiento» de cunetas y sistemas de drenajes. «Es un problema del agua y de que el drenaje no ha funcionado», concluye el técnico.
Fuente: La Voz de Galicia – Fecha de publicación: 10/06/2009
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